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Sublime, no diré más

Rosainne Suárez Moreno | www.acn.cu | 30 junio, 2019

Acabo de ver Inocencia. Acabo de ver la mejor película cubana de hace mucho tiempo

Acabo de ver Inocencia. Acabo de ver la mejor película cubana de hace mucho tiempo, (le ganó a mi queridísima Conducta). Acabo ver Inocencia hace solo diez minutos, y me duele la cabeza de tanto llorar, pero tenía que escribir.

Nadie me avisó que debía llevar un pañuelo. Nadie pone en el anuncio del cine que se recomienda llevar pañuelos, y deberían: el 90% de los allí presentes terminamos necesitando uno.

Vine todo el camino pensando cómo iba a intentar explicar lo que me ha hecho sentir la película. Vine todo el camino redactando las oraciones, pensando cómo estructurar los párrafos, pero al final me resigné a que salgan como me los dicta la conciencia. Este es mi pequeño homenaje.

No he leído nada al respecto sobre la cinta. No quería hacerme una idea de ella, ni quitarle emoción a la puesta. Si este escrito se parece en algo a lo que ya han publicado otros, pues entonces supongo que les habrá causado la misma impresión que a mí, y me alegraría muchísimo. ¡Qué orgullo de cubana! ¡Qué dolor tan grande! ¡Que maestría la de Gil! Ya puede retirarse tranquilo, ha hecho una obra maestra.

Hubo a quienes les tomó por sorpresa, que no se callaban, que me irritaban con los celulares, con los comentarios en alta voz, con la indisciplina; pero cuando sonaron los disparos todos se callaron, todos lloraron, y al final, todos aplaudieron.

Salí primera, no me gusta que me vean llorar. Pero esta vez no sentí vergüenza de mis lágrimas, las lucí con dignidad. ¡Qué estremecimiento! 

 ¡Qué emoción! No volveré a verla, no creo que pueda verla alguna otra vez. Fue suficiente dolor, rabia e impotencia. Una vez basta para rendirles, en lo adelante, tributo eterno; para recordarme mis principios y convicciones, para sentirme orgullosa de ser quien soy, y de pertenecer a esta tierra.

Siempre fui adicta a la Historia de Cuba. Mi asignatura preferida. Asistí a cuanto concurso hubo en mi infancia y juventud. Pero esa historia, la que me dieron, la aprendida en clase, la aburrida, monótona, repetitiva, no puede ni siquiera llegarles a los tobillos a la verdadera.

Revísense todos aquellos encargados de la docencia en el país. Revísense quienes redactan los libros de las escuelas (aunque los libros tengan más años que la propia historia). Revísense los maestros, y todos los implicados. Y no solo revísense, sino también tomen nota. Aprendan a contar nuestra historia. Aprendan a hacernos sentir orgullosos de ella.

Lo confieso. No soy de asistir a los desfiles, ni a las marchas multitudinarias. Asisto a las actividades que mi corazón me aprueba. Asisto cuando la convocatoria me conmueve, cuando me identifico, cuando creo fervientemente en que, lo que hago, lo hago con convicción. Los hipócritas seguro no me entenderán. Pero sé que muchos sí.

Ahora me siento avergonzada de no haber marchado cada 27 de noviembre que pude. Me siento avergonzada de que mi gente no conozca su pasado. Me siento avergonzada de que muchos, demasiados, asistan los 27 de noviembre a esas marchas (tan lindas) que muestran en la televisión, sin el profundo convencimiento de por qué lo hacen.

A los actores, qué decirles: mi profundo agradecimiento, mi respeto y mi admiración. Y con ellos a todos los que hicieron posible que esta magistral obra haya visto la luz. Ojalá y los premios lluevan. No espero menos.

Ahora solo pienso en las muchas personas que no la verán. Pienso en los que, tal vez por desconocimiento o por ignorancia, no se acercarán a los cines. Y pienso en mi padre, a quien de seguro veré llorar desde el inicio, pues ya bastantes veces lo he visto hacerlo con los libros de Maceo y Martí, y a quien agradezco infinitamente que me haya inculcado mi amor por Cuba. A él y a mamá.

Sigo llorando ahora, cuando escribo. Porque no he podido desprenderme de esta angustia y esta emoción. Demasiados sentimientos conjugados. Ya di mi criterio: la mejor película cubana en mucho tiempo.

Mañana cuando amanezca, antes de salir para las zonas afectadas, iré a visitar el Mausoleo de esos inocentes. No sé si consiga flores para homenajearlos, pero creo que el ritual puede prescindir de ellas. Ojalá me encuentre a los muchachos que estaban esta noche en el Chaplin, ojalá encuentre a muchos visitando el monumento en lo adelante. Ojalá no lo pasemos por alto en nuestro transitar por La Habana.

Iré hasta sus lápidas. Será la primera tumba que visitaré en mi vida. Alguna vez prometí no llegar a ninguna, pero me alegro romper mi promesa por ellos.

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